No suelo meterme en este tipo de líos generados por los deportes denominados “mayoritarios”, ya que considero que, generalmente, no llevan a ninguna parte, entran en juego sentimientos de fanatismo exacerbado, y al final pasa lo que pasa.
Así pues, generalmente ignoro todo lo que rodea a estos “espectáculos”, simplemente veo aquellos partidos que puedan resultar interesantes, sin forofismos, sin angustia. Si el partido me aburre en los primeros minutos, cambio de canal. Ver un partido por pasión a unos colores no funciona conmigo, creo que es algo para distraer a las masas (los romanos sabían de esto), y, aunque en determinadas ocasiones puede resultar agradable, cuando pasa de cierto límite, acaba resultando, para mí, desproporcionado.
Bien, pongámonos en situación: partido, Barça – Liverpool, octavos de final de la Champions League, competición que, junto con el Campeonato del Mundo, aún conserva cierto interés puramente deportivo. En un lance del encuentro, el portero del Barça, Victor Valdés (ni me va ni me viene, yo me quedé en Paquito Buyo), comete el fallo de su vida (si nadie dice lo contrario), y el Liverpool empata. Mala suerte, esas cosas pasan. Hasta aquí todo bien.
Empieza mi indignación. Al comentarista de Canal +, Carlos Martínez, conocido por su imparcialidad deportiva (…) y su volumen narrativo, después de ver el truño de Valdés, no se le ocurre nada mejor que soltar la siguiente joya, al loro:
Alguien debería ir inmediatamente a consolar a Victor Valdés…
Ah, amigos. Que gran frase. Que opinión. Que reflexión…no sé muy bien por qué, prefiero evitar pensar en ello, pero de repente me hirvió la sangre. Y mira que eso es difícil en mí, pero sentí una sensación, mezcla de rabia, indignación, y estupefacción, que no recuerdo haber experimentado nunca…¿motivo?…profundicemos…
A ver, el chaval (Valdés) falla. Bien, es un error, los deportistas son humanos, bla, bla, bla…pero, haciendo una analogía barata, ¿que pasa si al camarero X se le cae el café hirviendo sobre la entrepierna del cliente Y? ¿alguien le da una palmada en la espalda, y le dice “ánimo, no pasa nada”? ¿Y si en mi empresa nos cargamos (fortuitamente, claro) las bases de datos con información-importantísima-e-irrecuperable? ¿Golpecito en el culete, y nada, a tirar pa’lante?
Una cosa es errar. Eso es lógico, e incluso de agradecer, así se aprecian más las cosas bien hechas. Pero coño. ¿A consolar a un profesional? ¿Inmediatamente? ¿A un profesional MUY bien pagado, además?
Yo lo siento. En mi trabajo, en cualquier trabajo, si cometes un error de proporciones considerables como el del amigo Valdés, hay consecuencias, y punto. La terapia de grupo puede venir después, cuando haya pasado la tormenta. Pero los errores se pagan, la vida es así. Los comentaristas deportivos viven en un mundo de fantasía…el fútbol.
